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Vox Español Episodio 008 24 min

La última empanadilla

Seguir una empanadilla hasta la empanadilla identificada y comprada; contrastar alimentos sin cantidad fijada, grupos concretos con unas y necesidades con tener. Integrar soy panadero como apoyo breve a la credibilidad.

Bienvenidos al Podcast de español como lengua extranjera. Es por la mañana y los comercios de una calle de barrio preparan la apertura. Lola sale un momento de su tienda para comprar algo de comer en la panadería de Esteban, dos puertas más allá. Tiene que volver pronto, así que necesita saber qué hay disponible y decidir su almuerzo. Los dos se conocen y se hablan con la confianza de quienes trabajan cerca. Entramos en la panadería, junto al mostrador. Vamos allá.

Lola:Esteban, necesito pan y algo salado para comer en la tienda. Tengo diez minutos antes de abrir. ¿Queda una empanadilla de atún o ya solo hay dulces?

Esteban:Queda una, pero hoy recomiendo un bocadillo. Hay pan recién hecho, queso y tomates. La corteza aguanta bien hasta mediodía; una empanadilla exige más atención.

Lola:La empanadilla del fondo tiene buena pinta y no necesita una agenda.¿Está a la venta o tiene dueño? No veo ningún cartel de reserva.

Esteban:Está a la venta, claro. Soy panadero; conozco las dos opciones. Un bocadillo viaja mejor. El atún puede moverse hacia una esquina y cada bocado sale distinto.

Lola:Trabajo dos puertas más allá. El almuerzo no cruza los Pirineos.

Esteban:Entonces también hay unas aceitunas en la nevera. Van bien con el pan. Para una comida tranquila conviene variedad, algo fresco y una pausa de verdad.

Lola:Las aceitunas son tuyas. Están en un plato con tu nombre. Y cada vez que miro la empanadilla, acercas la bandeja un poco más a tu lado.

Esteban:Tengo hambre, pero eso no cambia mis recomendaciones. Mi pausa empieza ahora y normalmente queda algo salado. Hoy las ventas van estupendamente. Estupendamente para la caja.

Lola:¿Qué tienes para tu almuerzo, además de las aceitunas?

Esteban:Tengo un bocadillo de queso en la cocina. El pan es bueno, el queso también. El problema es que almuerzo lo mismo todos los días.

Lola:Pues pon la empanadilla en una bolsa. La pago ahora. Hoy tengo ganas de cambiar; bastante tengo con decidir qué pongo en el escaparate cada mañana.

Esteban:Claro. Son tres euros. Y aquí tienes la servilleta. Es una buena elección; el relleno lleva atún, tomate y una pizca de paciencia.

Lola:Bien, ahora la empanadilla es mía. Te cambio la mitad por medio bocadillo y unas aceitunas. Mi tienda también negocia, aunque normalmente vende calcetines.

Esteban:Medio bocadillo y tres aceitunas. Las grandes. Pero la parte con más relleno entra también en el reparto; no solo la esquina vacía.

Lola:Trato hecho. Tú cortas; yo elijo.

Lola entra con un encargo concreto: necesita pan y algo salado para comer en su tienda. Además, tiene diez minutos antes de abrir. Esa información da una medida práctica a la conversación:quiere resolver una compra y volver al trabajo. No busca una explicación larga sobre cada alimento. Pregunta si queda «una empanadilla de atún». Con «una empanadilla» presenta una pieza de ese tipo;todavía está comprobando qué puede comprar. La pregunta «¿o ya solo hay dulces?» distingue las opciones disponibles. El «ya» relaciona la pregunta con el paso de la mañana:a estas horas, tal vez solo quedan dulces. Lola y Esteban se llaman por su nombre y se hablan de tú. Hay familiaridad suficiente para pedir con naturalidad, sin una presentación ni una conversación inicial sobre el tiempo.

Esteban confirma que queda una, pero recomienda un bocadillo. La respuesta atiende la pregunta y enseguida cambia la dirección de la compra. «Hay pan recién hecho, queso y tomates» presenta alimentos disponibles;«pan» y «queso» no fijan una cantidad. El bocadillo reúne esos ingredientes en una pieza concreta. Esteban destaca que «la corteza aguanta bien hasta mediodía». Aquí «aguantar» significa conservar unas condiciones útiles durante cierto tiempo. Una mochila que aguanta un viaje resiste el uso;una batería que aguanta toda la mañana sigue funcionando. En el pan, Esteban habla de mantener una textura adecuada hasta la hora de comer. Esa cualidad puede importar. Sin embargo, la comparación se vuelve extrañacuando añade que la empanadilla «exige más atención»: empieza a presentar un alimento pequeño como una responsabilidad considerable.

Lola señala «la empanadilla del fondo». Ahora la pieza está identificada por su posición. Dice que «tiene buena pinta»: su aspecto invita a elegirla. La expresión comunica una primera impresión favorable, todavía sin una comprobación completa. Un jardín con plantas cuidadas tiene buena pinta; el aspecto permite esperar algo agradable. Lola mira la empanadilla y encuentra razones para comprarla. Su otra pregunta es muy directa: «¿Está a la venta o tiene dueño?». «Estar a la venta» significa que algo se ofrece para comprarlo. Una bicicleta con precio en un anuncio está a la venta; una bicicleta aparcada junto a una pared puede tener dueño y no estar disponible. Lola necesita aclarar justamente esa disponibilidad. No ve un cartel de reserva. Y al decir que la empanadilla «no necesita una agenda», reduce la importancia de los cuidados que Esteban acaba de proponer.

«Soy panadero», responde Esteban. Presenta su oficio sin añadir «un» porque está diciendo a qué se dedica. La frase sostiene su autoridad:conoce el pan y puede hablar de cómo se conserva o se transporta. Su explicación sobre el atún lleva esa experiencia bastante lejos. Parece preocupado por el movimiento del relleno durante un viaje. Lola responde con una distancia real: trabaja «dos puertas más allá». Son unos pasos dentro de la misma calle. «El almuerzo no cruza los Pirineos» exagera el trayectopara mostrar lo pequeña que es la dificultad. Los Pirineos son una cordillera;cruzarla supone un recorrido muy distinto de llegar al comercio vecino. La imagen tiene su apoyo inmediato en esas dos puertas. Lola no discute el oficio de Esteban: comprueba si el consejo sirve para su compra.

Esteban propone entonces «unas aceitunas». Al principio, «hay dulces» informa sobre una clase de productos disponibles; «unas aceitunas» ofrece ahora un grupo, sin precisar cuántas. Lola reconoce el plato y responde: «Las aceitunas son tuyas». Su observación cambia la cuestión: esas aceitunas forman parte de las cosas personales del panadero. El plato tiene «tu nombre». Aquí «tu» acompaña a lo que pertenece a alguien;en «tú caminas», «tú» nombra a quien actúa. Las palabras de alrededor aclaran el sentido, además de la voz. Lola también observa que Esteban acerca la bandeja a su lado. El desplazamiento es pequeño, pero ocurre mientras él recomienda otra comida. Sus consejos hablan de variedad; sus manos mantienen cerca la empanadilla que Lola está mirando.

Esteban reconoce por fin una necesidad propia: «Tengo hambre». La frase presenta una sensación, sin colocar «un» o «una» delante de «hambre». Con esa información, sus recomendaciones adquieren otro sentido. Su pausa empieza ahora y normalmente queda algo salado. Hoy el negocio marcha bien,aunque esa buena noticia tiene una consecuencia menos agradable para su almuerzo. Primero dice que las ventas van «estupendamente»;después precisa: «Estupendamente para la caja». La última parte limita el alcance del entusiasmo al dinero que entra. La satisfacción comercial y la satisfacción de quien quiere comer no coinciden del todo. Esteban intenta mantener separados su apetito y su criterio profesional. Lola, en cambio, ya dispone de un dato que explicatanto la bandeja cercana como la insistencia en el bocadillo.

Lola pregunta qué tiene Esteban para comer, además de las aceitunas. Es una pregunta corta que permite avanzar: el panadero puede explicar su situación sin seguir hablando de un viaje imaginario. Tiene un bocadillo de queso en la cocina. Por tanto, dispone de comida; la dificultad está en comer lo mismo todos los días. «El pan es bueno, el queso también» mantiene intacta la valoración de los ingredientes. No se queja de su calidad. Lo que desea es salir de una costumbre que conoce demasiado bien. Esta precisión importa para entender su conducta: recomienda una opción que considera buena, pero para sí mismo quiere otra. La conversación deja de girar alrededor de las propiedades del pan y empieza a incluir las preferencias de las dos personas.

Lola toma una decisión: «Pues pon la empanadilla en una bolsa. La pago ahora». «Pues» recoge lo anterior y abre el paso siguiente. No solicita otra comparación de productos. Dice qué quiere y cómo va a resolver la compra. Después añade «tengo ganas de cambiar». Las ganas expresan aquí un deseo;igual que el hambre de Esteban, se presentan directamente, sin «unas» delante. Ambos buscan algo distinto para el almuerzo, aunque Lola puede expresarlo con bastante menos explicación. «Bastante tengo con decidir qué pongo en el escaparate cada mañana» indica que esa otra elección ya le ocupa suficiente atención. Su trabajo también exige decidir y presentar cosas a otras personas. Ahora quiere resolver la compra, guardar el almuerzo y volver a la tienda.

Esteban acepta la compra y da el precio: tres euros. La servilleta acompaña al producto y la conversación entra en el momento normal de cerrar una venta. También llega una valoración nueva: «Es una buena elección». Antes, el panadero dedica sus esfuerzos a presentar ventajas del bocadillo; ahora reconoce que la empanadilla merece una valoración favorable. La pieza sigue teniendo las mismas características. Lo que cambia es la decisión de la clienta, que ya está tomada. Esteban puede conservar su papel profesional y atenderla sin discutir más. El precio y la entrega son importantes para lo que viene después: Lola no está pidiendo una parte de una comida ajena ni aceptando un favor. Está comprando un producto que pasa a ser suyo.

Al describir el relleno, Esteban une atún, tomate y «una pizca de paciencia». Los dos primeros se pueden poner físicamente dentro de la masa. La paciencia habla de la manera de trabajar. Una pizca es una cantidad muy pequeña, como la que se toma entre las puntas de los dedos. Aplicada a una actitud, presenta esa actitud como algo que también se añade a la preparación. La frase da al producto un cuidado que no aparece en una simple lista de alimentos. Esteban mantiene su forma de hablar, atenta a los detalles, incluso al terminar la venta. La imagen se entiende porque una empanadilla requiere preparación y el trabajo puede hacerse con calma. Pero esa pequeña cantidad figurada resulta útil mucho más allá de la cocina.

Al instalar un programa en un ordenador, «una pizca de paciencia» acompaña una espera corriente. La pantalla muestra que el proceso sigue y todavía falta un poco para terminar. No hay una cantidad de paciencia que se pueda pesar. La expresión presenta la disposición a esperar como una ayuda pequeña y suficiente. «La instalación requiere una pizca de paciencia» suaviza la idea de esfuerzo:no anuncia una dificultad enorme. Tampoco promete un número exacto de minutos. Habla de una actitud, no de una medida del tiempo. La misma espera puede parecer corta o larga, pero la frase invita a darle un margen sin convertirla en el centro de toda la atención.

La paciencia y la atención cumplen funciones distintas durante una instalación. La paciencia permite esperar mientras el programa realiza una operación. La atención sirve para leer una indicación o comprobar qué opción está seleccionada. Una pizca de paciencia no sustituye la información que aparece en la pantalla. Tampoco significa ignorar todo y esperar indefinidamente. La expresión conserva su valor de cantidad pequeña: hace la petición más ligera. «Una pizca de atención al mensaje» dirige la mirada hacia un detalle concreto. «Una pizca de paciencia durante la espera» se refiere a cómo se vive ese tiempo. Las dos expresiones usan una cantidad imaginadapara hablar de actitudes que ayudan de maneras diferentes, dentro de una actividad cotidiana.

«Una pizca» también influye en el tono de una petición. Presenta la paciencia como una colaboración pequeña, al alcance de cualquiera. Durante la instalación de un programa, esa forma de hablar puede quitar solemnidad a una espera corriente. Su valor depende de la situación:una espera muy larga ya no parece una cantidad tan pequeña de esfuerzo. La expresión acompaña mejor un proceso sencillo cuyo avance se puede observar. Así, la imagen de la pequeña cantidad también transmite una expectativa moderada. En una instalación, esa pizca acompaña la espera;en la panadería, Esteban añade paciencia al relleno. Su descripción termina la venta con una nota de cuidado personal. Ahora la empanadilla ya tiene dueña.

«Ahora la empanadilla es mía» establece el punto de partida. Lola ofrece la mitad por medio bocadillo y unas aceitunas. Su experiencia comercial le sirve fuera de su escaparate: propone un intercambio de cosas que las dos personas quieren. Esteban concreta las cantidades: ofrece medio bocadillo y tres aceitunas grandes. También precisa que la parte con más relleno «entra en el reparto». Entrar en un reparto significa formar parte de lo que se distribuye. En una asociación, las herramientas pequeñas pueden entraren el reparto del material, junto con las grandes. Aquí Esteban quiere que la distribución incluya la parte sabrosa de la empanadilla. No le basta con recibir una esquina casi vacía. Ya habla de su porción con claridad y deja de recomendar otro almuerzo.

Lola cierra con «trato hecho». La expresión confirma que se acepta un acuerdo y que ya se puede actuar conforme a él. En una actividad vecinal, puede cerrar un acuerdo para organizar la limpieza y guardar el material al terminar: «Trato hecho: el material vuelve al armario después de usarlo». Aquí confirma el intercambio de los dos almuerzos. A continuación reparte dos acciones: «Tú cortas; yo elijo». Esteban tiene una tarea concreta con el cuchillo y Lola conserva la elección de la parte. La conversación termina con algo que ambos pueden hacer enseguida. La bandeja ya no necesita acercarse más a nadie. Ahora escuchemos el diálogo, esta vez a velocidad natural.

Lola:Esteban, necesito pan y algo salado para comer en la tienda. Tengo diez minutos antes de abrir. ¿Queda una empanadilla de atún o ya solo hay dulces?

Esteban:Queda una, pero hoy recomiendo un bocadillo. Hay pan recién hecho, queso y tomates. La corteza aguanta bien hasta mediodía; una empanadilla exige más atención.

Lola:La empanadilla del fondo tiene buena pinta y no necesita una agenda. ¿Está a la venta o tiene dueño? No veo ningún cartel de reserva.

Esteban:Está a la venta, claro. Soy panadero; conozco las dos opciones. Un bocadillo viaja mejor. El atún puede moverse hacia una esquina y cada bocado sale distinto.

Lola:Trabajo dos puertas más allá. El almuerzo no cruza los Pirineos.

Esteban:Entonces también hay unas aceitunas en la nevera. Van bien con el pan. Para una comida tranquila conviene variedad, algo fresco y una pausa de verdad.

Lola:Las aceitunas son tuyas. Están en un plato con tu nombre. Y cada vez que miro la empanadilla, acercas la bandeja un poco más a tu lado.

Esteban:Tengo hambre, pero eso no cambia mis recomendaciones. Mi pausa empieza ahora y normalmente queda algo salado. Hoy las ventas van estupendamente. Estupendamente para la caja.

Lola:¿Qué tienes para tu almuerzo, además de las aceitunas?

Esteban:Tengo un bocadillo de queso en la cocina. El pan es bueno, el queso también. El problema es que almuerzo lo mismo todos los días.

Lola:Pues pon la empanadilla en una bolsa. La pago ahora. Hoy tengo ganas de cambiar; bastante tengo con decidir qué pongo en el escaparate cada mañana.

Esteban:Claro. Son tres euros. Y aquí tienes la servilleta. Es una buena elección; el relleno lleva atún, tomate y una pizca de paciencia.

Lola:Bien, ahora la empanadilla es mía. Te cambio la mitad por medio bocadillo y unas aceitunas. Mi tienda también negocia, aunque normalmente vende calcetines.

Esteban:Medio bocadillo y tres aceitunas. Las grandes. Pero la parte con más relleno entra también en el reparto; no solo la esquina vacía.

Lola:Trato hecho. Tú cortas; yo elijo.

Gracias por escuchar el Podcast de español como lengua extranjera. Lola puede volver a su tienda con un almuerzo distinto, y Esteban también encuentra una manera de cambiar el suyo. Entre vecinos, la confianza permite preguntar con claridad y proponer algo concreto. La mañana sigue, los comercios abren y la pausa para comer ya tiene mejor aspecto. Quedan una servilleta, un cuchillo y dos partes por elegir. Dejamos a los dos con su acuerdo. Hasta la próxima; por hoy, trato hecho.

Notas ​

Guardo aquí el vocabulario, algunas notas de uso y un poco de contexto.

Vocabulario ​

Empanadilla. Porción pequeña de masa doblada sobre un relleno, con los bordes cerrados. Puede prepararse al horno o frita. El tamaño permite servir varias en una misma fuente. En la cocina doméstica resulta práctica para aprovechar ingredientes que ya están preparados. «Para cenar en casa preparo empanadillas con las verduras que quedan del almuerzo».

Atún. Pescado que también se conserva en latas, al natural o con aceite. En las recetas, la palabra puede referirse directamente a su carne, sin describir el animal entero. «Escurro el atún antes de añadirlo a la ensalada para que no quede demasiado líquido en el fondo».

Bocadillo. Pan abierto que contiene queso, carne u otros alimentos. En el uso peninsular suele prepararse con pan de barra, mientras que el sándwich suele llevar pan de molde. «Durante la excursión comemos un bocadillo junto al refugio y guardamos todos los envoltorios en la mochila».

Corteza. Capa exterior de ciertos alimentos y de los troncos de los árboles. En un jardín, permite describir la superficie que cubre la madera, con su textura y color propios. «La corteza de ese árbol tiene marcas profundas y resulta mucho más áspera que la del tronco joven».

Mediodía. Parte del día situada alrededor de las doce, entre la mañana y la tarde. No siempre designa un instante exacto; para una salida conviene comprobar la hora concreta. «El tren sale poco después del mediodía, pero llegamos a la estación a las once y media».

Agenda. Cuaderno o herramienta donde se anotan citas, fechas y tareas pendientes. También puede ser el conjunto de actividades previstas por una persona o una organización. Una agenda llena indica pocas horas disponibles para nuevos compromisos. «La biblioteca publica su agenda de septiembre con las fechas de las lecturas y las reuniones del club de fotografía».

Reserva. Acción de guardar una plaza, un espacio o un objeto para un uso posterior. También nombra lo que se conserva por precaución. Tener una reserva evita depender de lo que queda disponible al llegar. «La reserva del tren incluye dos asientos junto a la ventana».

Bocado. Cantidad de alimento que entra en la boca de una vez. Dar un bocado es tomar esa porción con la boca; comer algo de un bocado indica que cabe entero. «Durante la subida paro un momento, doy un bocado a la manzana y sigo caminando».

Almuerzo. Comida que se toma durante el día. Según el lugar y la costumbre, puede ser una comida de media mañana o la comida principal del mediodía. La hora concreta aclara el sentido. «En esta salida, el almuerzo es a las doce, después del primer tramo».

Aceituna. Fruto del olivo, que también se utiliza para obtener aceite. Las aceitunas de mesa pueden conservar el hueso o presentarse sin él; esa diferencia importa al preparar ciertos platos. «Para rellenar los huevos cocidos uso aceitunas sin hueso, cortadas en trozos pequeños con el cuchillo».

Bandeja. Objeto plano, normalmente con un borde bajo, que permite llevar o colocar varias cosas juntas. No se usa solo para comida: también ayuda a ordenar documentos y materiales pequeños. «Los carnés pendientes de recoger están en una bandeja junto al mostrador de la biblioteca».

Caja. Recipiente que sirve para guardar o transportar objetos. En actividades con dinero, también puede nombrar el lugar donde se cobra o el dinero disponible. El complemento suele aclarar el sentido. «La asociación guarda los recibos en una caja azul para revisar las cuentas a final de mes».

Escaparate. Espacio visible desde la calle donde se muestran objetos, normalmente detrás de un cristal. Permite presentar productos o destacar una actividad. También se usa para hablar de algo que da visibilidad pública. «La asociación utiliza un antiguo escaparate para exponer fotografías de los oficios del barrio».

Servilleta. Pieza de papel o de tela que se utiliza al comer para limpiarse la boca o las manos. Las de tela suelen reutilizarse después de lavarlas; las de papel se desechan. «Antes de servir la cena, pongo una servilleta limpia al lado de cada plato».

Relleno. Material o alimento que ocupa el interior de algo. En cocina, aporta sabor dentro de una masa, una verdura o una pieza de carne; en otros objetos puede dar volumen o suavidad. «El relleno de los pimientos lleva arroz, cebolla y un poco de queso».

Mitad. Cada una de las dos partes iguales en que se divide algo. Puede tratarse de objetos, espacio, tiempo o una cantidad de personas. El contexto permite saber qué se divide. «La mitad del armario del vestuario queda libre para guardar las camisetas del equipo visitante».

Calcetín. Prenda que cubre el pie y parte de la pierna. Se utiliza normalmente dentro del calzado y suele guardarse por pares. Puede variar en grosor y longitud según su uso. «Después del entrenamiento pongo los calcetines húmedos en una bolsa aparte de la ropa limpia».

Cuchillo. Utensilio con una hoja y un mango, utilizado para cortar. En cocina existen formas distintas según el alimento y el trabajo que se realiza. La hoja hace el corte y el mango permite sujetarlo. «El cuchillo pequeño sirve para preparar los champiñones antes de cocinarlos».

Panadero. Persona cuyo oficio consiste en elaborar pan. Su trabajo puede incluir preparar la masa, darle forma y controlar la cocción. La palabra femenina es «panadera». El trabajo exige precisión. «Un panadero participa en la exposición de oficios de la asociación y muestra fotografías de su primer lugar de trabajo».

Recomendar. Aconsejar una opción porque se considera adecuada o útil para otra persona. Una recomendación puede apoyarse en la experiencia, pero siempre responde a unas necesidades concretas. «Para una excursión con niños, la descripción del sendero recomienda el recorrido corto, que tiene menos pendiente y varios lugares de descanso».

Expresiones y otros sentidos ​

Reserva: una plaza, una provisión y cierta prudencia

«Reserva» puede nombrar algo que se guarda con una finalidad concreta. En un viaje, una reserva permite contar con una plaza. «Tengo una reserva para el tren de la tarde» señala una gestión que ya está hecha. La reserva y el billete están relacionados, aunque las condiciones del viaje determinan qué documento acredita cada cosa.

En «llevar agua de reserva», el interés está en disponer de una cantidad adicional. No es el agua que se piensa beber primero, sino una provisión para más adelante. «La mochila tiene un bolsillo para la botella de reserva» describe una organización de materiales, sin afirmar que sea necesario utilizar todo su contenido.

La misma idea aparece con las personas. En un equipo deportivo, alguien puede quedar «en reserva», preparado para participar si hace falta. Eso no indica que su colaboración carezca de valor; describe su posición dentro de la organización.

En cambio, «tener reservas» ante una propuesta expresa dudas o cautela. «La asociación tiene reservas sobre el horario nocturno» significa que algunas condiciones todavía no convencen. La preocupación puede referirse al ruido, al acceso o a la disponibilidad de quienes participan. Las palabras que acompañan a «reserva» permiten distinguir una plaza guardada, un recurso adicional y una opinión que aún necesita más confianza.

Caja: guardar objetos, manejar dinero y reunir recursos

Una caja organiza objetos y protege su contenido. El material y el uso ayudan a identificarla: una caja de cartón puede servir para una mudanza; una de madera puede guardar herramientas. «La caja de fotografías va en el estante alto» permite localizar recuerdos familiares sin confundirlos con otras cosas.

Cuando interviene dinero, «caja» puede dejar de nombrar el recipiente físico. «La asociación tiene dinero en caja» habla de los fondos disponibles para sus actividades. Ese dinero puede servir para pagar materiales o pequeños gastos. La expresión no obliga a imaginar todos los billetes dentro de una caja visible.

«Hacer caja» también se relaciona con el dinero. Puede referirse a contar y comprobar lo que entra y sale, o a obtener ingresos. «Después del mercadillo solidario, toca hacer caja» suele anunciar una revisión de las cantidades reunidas. El contexto indica si interesa contar o destacar la recaudación.

La palabra conserva otras asociaciones cotidianas. Una «caja de herramientas» reúne utensilios y, en sentido figurado, recursos para realizar una tarea. «La lectura amplía nuestra caja de herramientas para escribir» presenta conocimientos como medios disponibles. No hay un recipiente real: la imagen ayuda a entender que se dispone de varias posibilidades y que cada una sirve para un trabajo distinto. En una biblioteca, esa imagen permite hablar de técnicas de búsqueda, criterios de selección y maneras de ordenar información.